Nissan GT-R Nismo 2017. Una verdadera bestia

Hace sólo unos meses conocíamos el nuevo Nissan GT-R, un bólido que mantiene inalterado el ADN que siempre ha caracterizado a este deportivo nipón, que es capaz de poner contra las cuerdas a cualquier máquina que ose plantarle cara, aunque doblen o tripliquen su precio.
Estrenaba una imagen exterior donde predomina la nueva seña de identidad V-Motion de la firma nipona, mientras que por dentro toma presencia una nueva pantalla central táctil de 8 pulgadas que presenta un manejo más intuitivo para controlar su completo sistema de telemetría, que es una de sus señas de identidad.
A por un nuevo récord en Nürburgring
Además de estos cambios, Nissan trabajó en su propulsor 3.8 V6 Biturbo, que ahora es capaz de proporcionar una potencia de 570 CV en sus versiones "básicas". Sin embargo este nuevo Nissan GT-R Nismo, que ha sido presentado hoy en el circuito de Nürburgring (con motivo de las 24 Horas de Nürburgring que se disputan este fin de semana) superará holgadamente esta potencia, que escalará por encima de los 600 CV que genera el actual Nissan GT-R Nismo. Gracias a este plus de "vitamina CV" podría mejorar sus prestaciones, que brillan con una velocidad punta de 315 km/h y siendo capaz de acelerar de 0 a 100 km/h en sólo 2,8 segundos.
Pocos por no decir ningún dato se conoce por ahora de este bólido, que presume de una puesta a punto prácticamente de competición.
Fuente: http://www.motor16.com/noticias/nissan-gt-r-nismo-2017-una-verdadera-bestia/
Renault Grand Scénic: modernismo en formato familiar

Unos meses antes de su lanzamiento (llegará a finales de año) Renault ha desvelado el aspecto de su nuevo Grand Scenic, la versión larga del monovolumen compacto. Un modelo completamente nuevo y bastante revolucionario en su planteamiento, tanto estético como mecánico.
Como ocurría en la generación anterior, el Grand Scenic ofrecerá dos configuraciones de habitáculo, con cinco o siete plazas. En el último caso, la tercera fila podrá plegarse cómodamente desde la pantalla central o desde un botón del maletero. La modularidad, en cualquier caso, está garantizada por una segunda fila con asientos deslizantes (en configuración 1/3-2/3, no individuales) que permiten jugar con el espacio para los pasajeros o la carga, según las necesidades.

Nuevo Renault Grand Scenic
El nuevo Grand Scenic ofrecerá más espacio gracias a unas dimensiones más generosas, en parte consecuencia del empleo de su nueva plataforma (compartida con Megane, Talisman y Espace). Para empezar a ponerlo en situación, ofrecerá 24 centímetros (mide 4,65 metros) y 269 litros más de maletero que el Scenic. El espacio de carga de la nueva versión se dispara hasta los 765 litros en configuración de cinco plazas.
Además, es mayor que la generación anterior en todas sus cotas: 1,5 cm en altura, 7,5 de longitud, 3,5 en la distancia entre ejes y 3 adicionales de altura libre al suelo (en parte para darle una presencia algo más cercana a un SUV, estrategia similar a la del nuevo Espace). El incremento del maletero se cifra en 70 litros.
Estéticamente sigue el camino innovador del Scenic, manteniendo las llantas de 20 pulgadas de serie y añadiendo detalles como las barras en el techo o el color marrón visón exclusivo de la versión larga. En el interior volvemos a descubrir la configuración de salpicadero nueva de Renault, con una pantalla central vertical de hasta 8,7" y la práctica consola central deslizable con 13 litros de capacidad para portar objetos.

Interior del nuevo Renault Grand Scenic
La gama de motores es compartida con el Scenic. Habrá dos variantes gasolina, con los TCe de 115 y 130 CV y tres diésel con 110, 130 y 160 CV. Ademas, el Grand Scenic contará con una versión híbrida de gasóleo sobre la versión de 110 CV.
También es común la tecnología de confort y asistencia al conductor, con sistemas avanzados como la frenada de emergencia con detección de peatones, aviso de cambio involuntario de carril, control de crucero activo, cámara de marcha atrás o detector de fatiga.
Fuente: http://www.elmundo.es/motor/2016/05/26/5746d805268e3e1f228b4590.html
Toros de alto riesgo y escasa rentabilidad

David Mora sufre un revolcón en su primer toro. Kike Para
No fue una corrida de triunfo porque los toros de El Pilar no lo permitieron; no solo eran mansos, sosos y sin una gota de casta en las venas, sino de incierto comportamiento, pegajosos, esaboríos, sin gracia alguna, con ese peligro sordo que anuncia sin decirlo que te puede dar un susto cuando menos lo esperes. Toros exigentes que no ofrecían nada a cambio; mucho riesgo para una muy escasa rentabilidad. Que se lo pregunten, si no, a David Mora, que quiso justificarse de verdad ante su primero, un animal astifino, que lo miraba con mala cara y le propinó un sobresalto de aúpa; le había avisado el toro por el pitón izquierdo, y el torero se cruzó con valentía al pitón contrario con la muleta en la zurda, pero su oponente le dijo que ‘hasta ahí podía llegar la broma’, y le metió el pitón en la taleguilla, lo derribó y lo buscó con saña. No pasó nada, afortunadamente, pero el cuerno acababa en un alfiler.
El Pilar/El Fandi, Mora, López Simón
Toros de El Pilar, -el sexto, devuelto-, correctos de presentación, mansos, descastados y sin clase; sobrero de Toros de Salvador Domecq, manso y descastado.
David Fandila El Fandi: media estocada (silencio); estocada (silencio).
David Mora: pinchazo, estocada _aviso_ (silencio); estocada (silencio).
López Simón: _aviso_ estocada baja (ovación); casi entera (silencio).
Plaza de Las Ventas. 27 de mayo. Vigésima segunda corrida de feria. Lleno de ‘no hay billetes’.
Pero no fue un festejo desesperante porque hubo actitudes toreras y detalles que quedaron en la retina. Destacable fue la entrega de los tres espadas, muy valientes, aunque su beneficio fue más bien escaso; y hubo algo más: dos pares de banderillas extraordinarios, de los mejores de la feria, de Ángel Otero al segundo de la tarde, dejándose ver, y asomándose de verdad al balcón de unos pitones astifinos; otros dos de buena factura de Domingo Siro al tercero, y otros dos de Jesús Arruga -uno al tercero y otro al sexto-; y un buen puyazo de Tito Sandoval al tercero. Es verdad que no hubo orejas ni faenas de esencia, pero sí torería, y eso puede justificar una tarde sin aparentes alegrías.
El Fandi es el vivo retrato del torero atlético de hace ya no se sabe cuántas temporadas. Sigue recibiendo a sus toros con una larga cambiada de rodillas en el tercio, los banderillea con facultades y siempre a toro pasado, y, muleta en mano, hace lo que puede. Ayer no tuvo muchas opciones. Muy precavido ante el incierto que abrió el festejo, al que muleteó muy despegado, y poco pudo hacer ante el pegajoso cuarto mientras un murmullo ensordecedor cubría toda la plaza, entre los silbidos de unos y las palmas de otros.
Mora no pudo reverdecer los laureles de su reciente triunfo, pero se empeñó en no devolver las orejas que lo pasearon por la puerta grande. A base de valor se sobrepuso a la mala condición de su lote, y tanto se empeñó con su primero que se llevó la voltereta ya consignada. La nula fijeza del toro obligaba a la desconfianza, pero el torero se justificó con creces. La duda estriba en si hay que jugárselas con los toros malos o esa heroicidad debe quedar reservada para los encastados. Una cornada, tan inoportuna como todas, en este momento dulce de su carrera hubiera sido un duro golpe. Tiró de oficio ante el quinto, protestado por gran parte del público, y eso le permitió comprometerse solo lo justo.
Y López Simón suplió con valor las carencias de sus toros y las suyas propias. Se quedó muy quieto, expuso los muslos, fue capaz de ligar alguna tanda a su primero y consiguió la atención del público. Alargó la faena sin motivo -nunca lo hay- y la gente le pidió la hora. Un marmolillo era el sexto, y tantos trapazos le dio que los tendidos le conminaron a que acabara ya el tormento mientras muchos pedían a voces ‘toro, toro’.
Fuente: http://cultura.elpais.com/cultura/2016/05/27/actualidad/1464370433_304955.html
Tres suplicios tres

López Simón, ayer, en Las Ventas ante su primer toro de El Pilar
Las Ventas (Madrid). Vigésimo primera de San Isidro. Se lidiaron toros de El Pilar. El 1º, orientado por el derecho y sin clase por el zurdo; el 2º, de corta arrancada y sin entrega; el 3º, descastado y con lo justo; el 4º, flojo y desrazado; el 5º, justo de remos y de desigual ritmo; el 6º, sobrero de Salvador Domecq, descastado. Lleno de «No hay billetes».
El Fandi, de nazareno y oro, estocada corta (silencio); estocada (silencio).
David Mora, de azul cielo y oro, pinchazo, estocada, aviso (silencio); estocada (silencio).
López Simón, de grana y oro, estocada caída (aplausos); estocada (silencio).
Ahora que hemos entrado de lleno en el San Isidro de la mediocridad y las penurias, recordar a David Mora y «Malagueño» es toda una alegoría de las aventuras de verano, aquellos momentos, cuando las emociones todavía eran posible. Volvía David Mora a la plaza después de descerrajar su puerta grande tan sólo dos días antes en una de las tardes más mágicas y trepidantes que se recuerdan del serial. La dejamos lejos en el tiempo, intacta en la memoria para alimentarnos más allá de la desidia.
La corrida de El Pilar resultó decepcionante. Una pena. Así lo vivió el propio Mora con un segundo que hizo cosas raras con el capote y en banderillas; de ahí que la exposición de Ángel Otero con los palos tuviera más emoción todavía. Molestó el viento y humilló el toro, pero sin acabar de entregarse, y esa falta de entrega fue desarrollando, orientada y con mala clase al final. En una de estas, cuando intentaba torear al natural, cazó el toro al torero y el milagro de nuevo. Volvió valiente, como si nada. Como si todo. Irregular y con las fuerzas más que justas salió el quinto. Y como la tarde ya había rodado en negativo era difícil salir de las estrecheces anímicas en las que nos encontrábamos. Algo más de movilidad y poca cosa ante la voluntad de Mora, que el otro día brindaba las dos orejas de «Malagueño» al cielo mientras decía «Gracias Dios, qué grande eres». Una larga cambiada en el tercio fue lo primero que hizo El Fandi al pisar Madrid. Un traspié le supuso que el primero le pasara por encima como un camión. A partir de ahí, la nada. Orientado el animal por el derecho y sin clase por el izquierdo, por aquí y por allá antes de matar. Flojo y desrazado el cuarto. No nos repitamos.
Se alargó más de la cuenta y de lo debido López Simón con un tercero que humilló pero le faltó final y casta para empujar en la muleta. Aquello transcurría con un tono anodino espantoso y falta de limpieza en el trazo. El último se fue con Florito a los corrales de nuevo. Le sustituyó uno de Salvador Domecq, contagiado de la mala tarde, se negó a la bravura, como nos negaban a los demás el divertimento. López Simón a pesar de ello se extendió hasta que le abuchearon, y ya no sólo un sector. Los tiempos, los suyos, los nuestros, lo poco que tenemos. Y vamos sumando. Tres suplicios tres.
Fuente: http://www.larazon.es/toros/tres-suplicios-tres-EA12741577#.Ttt1jg4beTrBtRq
La triste victoria de las palmas de tango

La primera noticia sorprende y alegra: en un cartel en el que no están las primeras figuras, se pone el cartel de «No hay billetes». Todavía hay afición en Madrid. Además –lo comento a la entrada, con el maestro Curro Vázquez y con Pedro Piqueras, buen aficionado– la gente viene ilusionada, en buen plan. (No fue así el jueves, por el cambio de los toros anunciados). La gente recuerda la hermosa faena de David Mora, desea disfrutar de nuevo con su buen estilo y con el impávido valor de López Simón. Desgraciadamente, el resultado artístico es muy gris: los toros del Pilar son sosos, flaquean, tienen poca casta, apenas transmiten. La gente se aburre y los más exigentes muestran su malestar con palmas de tango, lógicas pero no siempre oportunas.

El Fandi, a la verónica- P. Aguilar
Recibe El Fandi con una larga de rodillas al primero, que sale muy suelto, huye del caballo, pone en apuros al diestro. Banderillea con facultades pero sin cuadrar en la cara. La faena no muestra más que voluntad y oficio; acaba doblándose con el toro. En el cuarto, le pitan algunos al Fandi, cuando coge las banderillas (¿en qué otra Plaza sucede eso?). Brinda al público: los muletazos son voluntariosos pero desiguales y no se aprecian. Mata con habilidad, a toro arrancado.
De salida, el segundo hace dos extraños en el capote de David Mora y flaquea. Ángel Otero coloca dos grandes pares, dignos de premio. El toro es incierto, reservón, se queda corto. David traga, baja la mano con empaque, se cruza al pitón contrario hasta que el toro lo entrampilla. (Es fácil que tenga algún puntazo interno). Aunque no cuadra fácilmente, lo mata bien pero a la segunda. El quinto es muy flojo y surge la bronca cuando no lo devuelven. Mora lo engancha, con buen estilo, pero, en cuanto le baja la mano, se va al suelo. Ha estado correcto y aseado: no cabía más.

David Mora sufrió un feo percance- Paloma Aguilar
El tercero, acogido con protestas, es pegajoso y flojo. Con sereno valor, López Simón se mete en el sitio del toro y levanta un clamor (el único de la tarde, en definitiva). Da el pecho, aguanta, le saca más de lo que se esperaba y de lo que el toro merecía. (No entiendo las palmas de tango, en medio de esta faena. ¿Las hubiera escuchado Alberto el año anterior, cuando era menos conocido?). Al final, se pega un innecesario arrimón y escucha un aviso, antes de cazarlo con habilidad. El sexto sale descoordinado del caballo y es devuelto. El sobrero, de Salvador Domecq, es alto, se asoma por encima de las tablas, tiene cierta nobleza pero no transmite nada. Le saca algunos muletazos, aprovechando la querencia a tablas; se pone cerca, sin fruto. La tarde concluye con el triste grito que reclama «¡Toros!» (se entiende: toros con casta, con fuerza, con emoción). Apenas hemos escuchado olés. Han triunfado las palmas de tango, por goleada.
Postdata. La pasión futbolística y la taurina pueden ir unidas. A muchos toreros, desde Joselito, les ha gustado jugar un partido de fútbol benéfico. Como no quería que su hijo fuera torero, Ignacio Sánchez Mejías hizo un campo de fútbol, en Pino Montano, e invitó al hijo de don Gregorio Corrochano. La inesperada consecuencia es que José Ignacio Sánchez Mejías y Alfredito Corrochano se hicieron toreros... Ahora mismo, Enrique Ponce es íntimo de Raúl y Cañizares, tiene un campo de fútbol en Cetrina y compitió, en un partido benéfico, con José Tomás: ¡lástima que no lo hagan en la Feria de San Isidro, con las cámaras de televisión delante!