Si no embiste el toro, ¿quién embiste?

El mexicano Diego Silveti, en su primer toro de la novena corrida de la feria de San Isidro, hoy sábado en Las Ventas. KIKO HUESCA EFE
Cuatro toros de Flor de Jara y dos —quinto y sexto— de San Martín, correctamente presentados, mansos, descastados y sin clase.
Fernando Robleño: metisaca (silencio); pinchazo, estocada tendida y atravesada y un descabello (silencio).
Miguel Ángel Delgado: estocada contraria (ovación); estocada y cuatro descabellos (silencio).
Diego Silveti: estocada tendida, un descabello —aviso— y un descabello (silencio); estocada (silencio).
Plaza de Las Ventas. 14 de mayo. Novena corrida de feria. Tres cuartos de entrada.
Decía el maestro Ordóñez que los toreros debían estar dispuestos para jugarse la vida ocho o 10 tardes al año; pues la de esta noche era una de esas para Robleño, Delgado y Silveti, tres toreros modestos, que llevan temporadas a la busca y captura de contratos que se les resisten y que habrán soñado muchas noches con esta comparecencia en la Feria de San Isidro.
Pues la noticia es que los tres han pasado por esta plaza completamente en blanco, sin huella alguna, sin un capotazo bien trazado, sin un muletazo para el recuerdo, sin detalle alguno que denote su afición por alcanzar la vitola de figura.
Vaya por delante que la corrida de Flor de Jara y los dos remiendos de San Martín no ofrecieron facilidades; toros, todos ellos, tristísimos, mansos de solemnidad, muy descastados, sin un ápice de bravura, de nobleza o de clase; sosísimos los seis, regalos envenenados para quien espera ese toro de sus sueños que le permita la faena irrealizable de su vida.
Queda claro que la corrida no sirvió de principio a fin, pero es la que había, la que les tocó en el bombo de la suerte esquiva del toreo (otros toreros, con los mismos o más méritos que ellos suspiran en sus casas por una oportunidad que no les ha llegado). Y lo incomprensible es que los tres dieran la extraña impresión de un conformismo que nada tiene que ver con la ambición que se le supone a quien se viste de torero y busca la gloria.
Pero, ¿no habíamos quedado que si no embisten los toros, embisten los toreros? ¿No estamos cansados de oírles que saldrán dispuestos a darlo todo por un sueño?
A la vista está que una cosa es el legítimo sentimiento, y otra muy distinta la realidad de un toro manso, deslucido y parado, con intenciones poco claras, en una plaza de tanta responsabilidad como la de Madrid. Cuando sucede que un torero está frente a un toro de ese tipo en este lugar es el instante de su vida en el que debe tomar una decisión trascendental: jugarse la vida o tirar cuatro líneas y esperar tiempos mejores que, con toda seguridad, no llegarán.
Robleño, como sus compañeros, no tuvo toros para el triunfo; especialmente esaborío y desangelado fue su primero, pero él se mostró en todo momento a la defensiva, como frío y desganado, resignado y triste. Entre ambos —los dos, sosísimos— aburrieron de lo lindo y, encima, lo masacró con un feo metisaca en el cuello. Tampoco ofreció posibilidades el cuarto, y el torero se puso siempre al hilo del pitón, sin ánimo alguno para sobreponerse a su mala suerte.
Decepcionó y mucho el ecijano Miguel Ángel Delgado; se esperaba más, mucho más de este torero, otrora elegante y fino, y hoy pareció una sombra de sí mismo. No tuvo oponentes serios —dicho queda—, pero dio la impresión de tener el espíritu desvanecido, sin ánimo alguno para presentar pelea, a la expectativa de lo que pudiera ocurrir y la estrategia, a la vista está, resultó errónea. Estuvo por debajo de su soso primero, que brindó al público y acabó con unas inoportunas bernardinas que casi lo mandan a la enfermería. Con estatuarios comenzó su labor ante el quinto, que tampoco servía, y acabó sin historia. La ambición no puede consistir, de ningún modo, en dar pases y más pases insulsos. La ambición es otra cosa.
La misma medicina se le podría aplicar al mexicano Silveti. Lo intentó a la verónica ante su primero y dos capotazos tuvieron buen trazo; inició la labor muleteril con un pase cambiado por la espalda y acabó con bernardinas prescindibles tras una faena insípida e incolora. Su toreo académico resultó tan soso como el toro; hizo el esfuerzo ante el sexto, y una tanda de redondos dio la impresión de que la faena elevaba un vuelo que no fue cierto.
En fin, que nadie embistió. La culpa de los toros,… Y de los tres toreros.
Fuente: http://cultura.elpais.com/cultura/2016/05/14/actualidad/1463255710_329397.html
Un abrumador Roca Rey empuja la Puerta Grande

El peruano Roca Rey, en su confirmación de alternativa, sale a hombros en la plaza de toros de Las Ventas
Las Ventas (Madrid). Octava de la Feria de San Isidro. Se lidiaron toros de Núñez del Cuvillo, y dos, 4º y 6º, de Conde de Mayalde, desiguales de presentación. El 1º, noble, de buena condición y transmisión justa; el 2º, noble, repetidor y a menos; el 3º, flojo, humilla pero se acuesta mucho; el 4º, noblón y sosote; el 5º, muy difícil, brusco y con peligro; el 6º, muy complicado. Lleno de «no hay billetes».
Sebastián Castella, de azul pavo y oro, buena estocada (silencio); cinco pinchazos, aviso, estocada (silencio).
Alejandro Talavante, de grana y oro, dos pinchazos, media (silencio); estocada trasera (oreja).
Roca Rey, que confirma alternativa, de verde hoja y oro, estocada punto caída, aviso (saludos); estocada (dos orejas).
Se encunó a matar. Matar o morir. Pocos son capaces. Mucha la literatura. Pero a la hora de la verdad. Temida hora de la verdad. Territorio prohibido, anhelado. En ese filo, en el de la espada, reside la fortuna del toreo. Se fue detrás del acero. Al filo de la navaja y con esos dos pitones como frontera. Entre uno y otro encontró la muerte, del toro, y salvó su vida, la barriga. Verdad verdadera acabábamos de dejar atrás. Exhaustos. Una faena no de las que llena, no sólo, sino de las que dejan molido. Algo de cada uno de nosotros ahí. Ahí abajo, aquí arriba. Entre el miedo, el susto, el disfrute y la admiración. Derrochó valor como si lo regalaran nada más cruzar el charco. Qué viva Perú y ese corazón que no atiende al miedo. Se desentiende. ¿De qué entiende? ¡Delicioso misterio! Una parte lo desveló. Tragó lo indecible las desavenencias del toro, la incertidumbre y al creer nos hizo cómplices, poco a poco, muletazo a muletazo, serie a serie hasta dejarnos prendidos y aturdidos en la vuelta de la esquina de un faenón. Había colapsado Madrid en tarde fría mas ardía por dentro. Agresivo el toro de Mayalde, reponía por dentro, intercalamos susto y otro más con toreo mandón y entre una cosa y la otra una tanda monumental por la diestra por convicción y poderío. Y entre aquí y allá arrucinas, adornos, pero sólido el resto. La manera de entrar a matar, queda dicho, de cortar la respiración, de haberla. Dos soles de trofeo y una Puerta Grande multitudinaria y excesiva. Se nos va la cabeza en los últimos tiempos.
Al delirio nos llevó también mientras creíamos caer en la decepción Talavante con el quinto. Abrumadora dimensión con un Cuvillo que tampoco lo puso fácil. Basta la embestida, incierta y por dentro. Lo supo Trujillo al sacarlo del caballo. Y después. Estaba en el ambiente al poco de pisar el toro la arena venteña. En un ¡ay! lo vivimos todo. Hay toros que son cuestión de fe. Y de ahí tiró Talavante para creer y contagiarnos. Dos palillos, dos muletas y la misma vida al filo del precipicio. Nada ocurría ahí por casualidad o todo a la vez. Muy raro. Una eclosión de temores, azares se fueron resolviendo hasta conseguir meter al toro en la muleta con algunas tandas de naturales de una expresión brutal. Sufridas. Entre el látigo y la suavidad. El trofeo fue de los de peso para dar cabida a todo lo vivido. La dimensión de Talavante nos transportaba al domingo. Vía directa. Segunda parada del torero en Madrid. Plaza suya. Plaza nuestra.
El resto fue el peaje que tuvimos que pagar para llegar hasta aquí. Roca Rey abusó de lo accesorio en detrimento de lo fundamental en el toro de la confirmación, noble y con la transmisión justa y sin emoción transitamos por la faena de Talavante al flojo tercero. Nos redimiríamos después. No lo pudo hacer Castella en la primera de su gran apuesta: cuatro tardes en Madrid. Correcto con el noble y soso cuarto y discreto con el segundo que tuvo buena condición aunque la duración escasa. En el quinto y sexto estaba la llave.
Triunfo de López Simón en la alternativa de Varea

Varea - Afp
El diestro Alberto López Simón cortó dos orejas en el quinto festejo de la Feria de la Vendimia de Nimes (Francia), una tarde en la que José María Manzanares obtuvo también un apéndice, mientras que Varea saldó su alternativa como matador de toros con una ovación al término de sus dos faenas.
Se lidiaron toros de Juan Pedro Domecq, el quinto como sobrero, nobles, sosos y, algunos, en el límite de las fuerzas. El más completo, el quinto bis, ovacionado en el arrastre.
José María Manzanares, oreja tras aviso y silencio.
Alberto López Simón, ovación tras aviso y dos orejas.
Varea, que tomaba la alternativa, ovación Y ovación.
La plaza rozó el lleno en los tendidos.
Fuente: http://www.abc.es/cultura/toros/abci-triunfo-lopez-simon-alternativa-varea-201605152243_noticia.html
Tendido 11, cultura taurina «consolidada», como forma de vida

Mario Sandoval y Luis Martín con sus respectivas tapas de toro bravo, en la presentación del Tendido 11 de Las Ventas
Todo un clásico. Un «proyecto ambicioso ya consolidado», como coincidieron todos los presentes, que cada año se reinventa en torno al universo taurino. Tendido 11 se puso ayer de largo por tercer año consecutivo en los bajos de sombra del coso de Las Ventas para reivindicar la Cultura taurina como forma de vida. Mucho más allá de las dos horas y pico que se prolonga el festejo de cada día. Arte, gastronomía, tendencias, nuevas tecnologías y ese perenne guiño solidario del toreo reunido en el corazón taurino: Madrid.
«Queremos demostrar que estamos ante un espectáculo amplio de miras, que reúne toda una amalgama de tendencias; la Tauromaquia tiene que estar adecuada a los nuevos tiempos y estamos ante un catálogo variado que trata de satisfacer a todos los públicos», comentó el empresario del coso venteño, Manuel Martínez Erice. «El aficionado podrá disfrutar desde este prodigio tecnológico de videoarte diseñado por Javier de Juan hasta las mejores tapas con carne de lidia realizadas por un primer espada como Mario Sandoval y el chef Luis Martín, del restaurante Goizeko, pasando por exposiciones, coloquios y música en directo al término del festejo hasta la 1 de la madrugada», desglosó el máximo responsable de Taurodelta.
Como si fuera un paseíllo, por orden de alternativa, tomaron la palabra todos los protagonistas, comenzando por Javier de Juan. Su obra «Toreando la vida», más de 100 metros cuadrados en los muros internos del coso de la calle Alcalá, refleja a un grupo de personas de la calle, anónimas, ejecutando un buen puñado de suertes y movimientos del toreo de salón. «Cuando nos pusimos en contacto, me pareció una sugerencia interesantísima, porque permite sacar de esa secta en la que están imbuidos dos mundos tan cerrados como el Arte y los toros, es una manera excelente para derribar esos prejuicios, que ambas fluyan de la mano y se vean con otros ojos en todo el mundo», argumentó el alma mater de un proyecto que lleva el nombre de «Buscando el movimiento perfecto» y sobre el que descansan ya más de siete años de trabajo. Ayer, en Las Ventas, apoyado en la música del saxofonista alemán Andreas Prittwitz, se pudo comprobar «la simbiosis entre belleza y coraje como valores que esconde la lucha cotidiana, el día a día de cada ser humano».
Acto seguido, pasamos del diseño a los fogones de la mano de Mario Sandoval, acreedor de dos estrellas Michelín, que no dudó en definirse como «cocinero y orgulloso taurino» al tiempo que situó a la carne del toro bravo como «la gran desconocida de la cocina española». «Estamos ante un producto olvidado, por eso he insistido tanto en el término «Gastromaquía», porque estamos volcados en dar valor al toro una vez que llega al desolladero, su recorrido no termina ahí y tenemos que tratar de aprovecharlo... Si explotamos la carne de Wangyu o de Kobe, ¿por qué menospreciar un producto tan nuestro y tan identificativo de nuestro país como es el toro de lidia?», explicó el cocinero de «Coque».
Su tapa taurina para este San Isidro 2016, puesta de largo en directo mediante un showcooking, consistió en un ravioli meloso de tendones y rabo de toro con higos a la brasa y jugo de cochinita picante. Su colega Luis Martín, por su parte, se decantó por un capote de grana y oro con una albóndiga de rabo de toro como motor. Ambas estarán incluidas en el menú VIP de la sala Alcalá, que podrán degustar a diario los aficionados, tanto en las comidas como al término del festejo, momento en el que podrán decantarse por los coloquios o una amplia oferta de música en vivo.
Inyección solidaria del toreo
Asimismo, la Tauromaquia volvió a mostrar su lado más solidario colaborando un mayo más con la Fundación Pequeño Deseo. En esta ocasión, y gracias al maestro Curro Romero, que ha donado una calzona y un sombrero de ala ancha para la causa. Durante este mes de toros, los visitantes podrán adquirir papeletas al precio de cinco euros para tratar de hacerse con dos piezas de coleccionista con el sello del Faraón de Camas. Por ello, su presidenta, Cristina Cuadrado, agradeció «la inyección solidaria de todo el toreo y de Taurodelta», en busca de «un día a día más llevadero y con una sonrisa en la boca de nuestros pacientes».
Finalmente, en la segunda mitad de esta isidrada, a partir del próximo 24 de mayo, dos nuevas exposiciones tomarán el relevo de las actuales. Así, «La Tauromaquia es ecología» recreará una dehesa, idílico ecosistema en la que el toro bravo es rey, en los pasillos de los tendidos. Mientras, el artista Alfredo Gutiérrez Sánchez plasmará su obra «pintando con vinos».
El punto y aparte al acto llegó de la mano del presidente del Consejo de Asuntos Taurinos, Ángel Garrido, que recalcó «el apoyo y la defensa que la Comunidad de Madrid lleva a cabo por la Fiesta, un espectáculo que proporciona 12 millones de euros de beneficios directos y 200 de beneficios indirectos». «Englobar una oferta de ocio tan variada bajo el prisma del toro es una grandísima iniciativa que repercute también directamente en este espectáculo al que permite coger un soplo de aire fresco necesario», concluyó
Ginés Marín, herido, corta una oreja en su alternativa en Nimes
El joven espada Ginés Marín cortó hoy una oreja antes de resultar herido por el sexto, en la mañana de su doctorado como matador de toros en Nimes (Francia), idéntico balance que el cosechado por David Mora, mientras que Morante de la Puebla, con el peor lote, abrevió en sus dos faenas.
Hacía tiempo que Ginés Marín venía pidiendo toro y, por fin, este domingo ha tomado la alternativa en Nimes con un buen Zalduendo, el primero, de embestida humillada y repetidora, al que el toricantano, sobrado de recursos, le hizo filigranas con la muleta. Tal era su afán por desplegar todo el repertorio, que al estrenado matador le sonaron dos avisos antes de cortar una oreja.

Momento de la cogida de Marín en el sexto. Emilio Méndez / Cultoro
El primero de Morante fue devuelto por inválido, sin embargo, lejos de mejorar, el segundo bis apenas podía mantenerse en pie. Eso, unido a las rachas de viento, hizo que el de la Puebla del Río (Sevilla) decidiera pasaportarlo de una estocada baja sin darse demasiada coba.
Con el cuarto varió poco el guión. Tras lucirse con el capote, en la muleta, Morante decidió que aquel toro era poco aprovechable y lo estoqueó rápidamente ante las protestas del público.
Inspirado y roto estuvo David Mora a lo largo de su primera faena, en la que destacó la quietud, la ligazón y la buena colocación desde los primeros compases. Oreja para celebrar el regreso del madrileño a Nimes.
Hizo también muy bien las cosas frente el quinto para lograr que se metiera en la muleta. La tela siempre delante del hocico, claridad de ideas y dosis de mando. La estocada cayó trasera y la faena terminó en gran ovación para Mora.
Cerró el festejo Ginés Marín, que volvió a estar valiente y entregado en una faena que no logró alcanzar vuelo, y en que resultó herido al sufrir una voltereta en las postrimerías de su labor. La espada tampoco fue su aliada y el público recompensó el esfuerzo con palmas en la despedida, antes de que Marín pasara a la enfermería por su propio pie.
Ficha del festejo
- Toros de Zalduendo, el segundo como sobrero, aceptablemente presentados, con movilidad, pero faltos de celo y profundidad en las embestidas.
- José Antonio "Morante de la Puebla", silencio y pitos.
- David Mora, oreja y gran ovación.
- Ginés Marín, que tomaba la alternativa, oreja tras dos avisos y palmas en la despedida.
- Fuente: http://www.elmundo.es/cultura/2016/05/15/57388a81ca4741003f8b4573.html