Abrirán primer “café con sexo oral” en Europa
Foto propiedad de: AP
Una empresa planea llevar este modelo de servicio sexual "mañanero", que ya existe en países como Tailandia, a plena capital Suiza.
Suiza.- La empresa europea Facegirl planea abrir un café en la ciudad de Ginebra, en donde también se podrán recibir servicios sexuales, según informa el diario Le Matin.
El costo por cada “café” sería de unos 1250 pesos (60 euros) el cual incluiría el servicio y una bebida.
Ya que la prostitución es legal en el país helvético, este tipo de servicio sería perfectamente legal. Sin embargo, el sexoservicio se encuentra fuertemente regulada en esta nación con el propósito de evitar la explotación sexual.
Pese a que ya se llevan a cabo los tramites para la apertura de este café a finales de año, vecinos del lugar no se encuentran del todo conformes con la idea.
En la práctica, el café con sexo oral legalizaría a los “padrotes”, opinaron.
Fuente: http://www.sdpnoticias.com/sexxion/2016/06/23/abriran-primer-cafe-con-sexo-oral-en-europa
Por qué la prostitución se ha convertido en un trabajo típico de clase media

Durante los últimos tiempos se han popularizado las teorías descriminalizadoras sobre la prostitución, incluso en sectores del feminismo que en el pasado se habían mostrado completamente opuestos a cualquier trabajo sexual. Según esta visión, dicha labor se elige libremente (exceptuando contadas excepciones), forma parte de la identidad de la trabajadora y en muchos casos, es una opción laboral mucho más rentable, y por tanto más razonable, que otras. Como explicaba en este medio Natalia Ferrari, “estoy mejor trabajado como puta que en un McDonald's o de teleoperadora”.
Se trata de una argumentación convincente. Legalizando la prostitución, afirman sus partidarios, las trabajadoras se librarán de la estimatización social y gozarán de una mejor protección frente a los riesgos inherentes a su trabajo. Pero no todo el mundo se muestra de acuerdo, ni siquiera entre las trabajadoras sexuales. Rae Story, que fue prostituta durante 10 años en países como Reino Unido, Australia o Nueva Zelanda, y que se define como feminista y socialista, ha protestado contra el empuje “libertario de la despenalización” y “el proyecto paralelo de sanitización y legitimación” del trabajo sexual.
Ella misma había sido criada en un barrio malo por su madre soltera, pero le decía a los clientes que era de una familia de clase media, feliz y conservadora
Lo explica en una entrevista publicada en 'Feminist Current': la corriente actual es el resultado de “los avances tecnológicos y de la práctica posmoderna de centrarse en las experiencias individuales (más que en las colectivas o en las tendencias generales) y en fijarse en lo que las cosas parecen ser y no en lo que realmente son”. En otras palabras, la tendencia a centrarse en la identidad personal y en la esfera privada de las trabajadoras, más que en la prostitución como negocio, consumo y reproducción de las relaciones de poder es un proceso de “ingeniería política”. Ella lo sabe bien, porque es una de esas prostitutas que pasó de la clase trabajadora a la aparente seguridad de la clase media… que era aún peor.
Si lo deseas, tú también puedes ser clase media
Story comenzó en el trabajo sexual libremente, o tan libremente como lo haría una mujer en una relación en la que sufre maltratos. Es decir, sin conocer exactamente su lado oscuro. Por lo general, explica, todas sus compañeras procedían de la clase trabajadora, y terminaban prostituyéndose debido a la promesa de ganar dinero rápida y ¿fácilmente? Además, no hace falta cualificación. La propia Story provenía de un entorno de clase baja, criada en un barrio peligroso gracias al sueldo de su madre soltera. Sin embargo, solía decirles a sus clientes que sus orígenes se encontraban en una familia de clase media, feliz y conservadora, y que decidió dedicarse a la prostitución para satisfacer su “voraz apetito sexual”. ¿Por qué?

Lo que el cliente no ve: cuando pasas a ser una estrella del pop, no puedes estar triste. (iStock)
Quizá por la misma razón por la que, al menos hasta que la crisis golpeó con dureza las ambiciones de millones de familias en España, todos nos considerábamos de clase media. Debido a que, como ella misma explica en un artículo publicado en 'The F Word', pertenecer a dicha clase es más una cuestión de cómo hablas, cómo piensas, qué música escuchas, qué programas ves y qué periódicos lees, casi cualquiera puede considerarse clase media. Incluidas las prostitutas, que empezaron a defender la idea de que el suyo era “un trabajo como cualquier otro”.
“No solo un trabajo, sino uno bastante bueno dada su alta remuneración, teniendo en cuenta cómo está el patio”, añade Story. Fue el albor de la era de las “escorts independientes”, que podían anunciarse en internet personalmente y no depender de las viejas estructuras de la prostitución. Ni chulos ni madamas. El mero hecho de subir sus tarifas las convertía automáticamente en parte de la élite: “Los tics de clase media eran a menudo esenciales, con las escorts promocionando su educación universitaria, su refinada etiqueta, sus viajes y sus aficiones”.
“El trabajo en el burdel había sido brutal para mi cuerpo, pero el trabajo como escort independiente agotó mi espíritu”. Ahora tenía que ser un producto
La propia Story entró en el juego. “Detallaba mi educación universitaria, mi afición por escritores como Will Self, mi preferencia por los vinos tintos antes que los cubatas”, recuerda. “Cualquier cosa que afirmase mi identidad como prostituta de clase media”. Era fácil dar el salto de prostituta callejera a trabajadora independiente, como quizá también lo sea pasar de asalariado a emprendedor. Sin embargo, el entusiasmo por unas condiciones materiales de vida un poco mejores y una supuesta “civilización” de la industria le duró poco a Story. Porque, como le ha ocurrido a tantos profesionales liberales, de repente se dio cuenta de que el nuevo entorno laboral exigía aún más de ellos.
“Para competir en este nuevo ambiente virulento, la exposición se convirtió en una necesidad”, explica. Había que destacar. Tomarse decenas de fotografías, escribir blogs, conectarse diariamente a la web-cam… También diversificarse. Era cada vez más habitual que las prostitutas empezasen a aparecer en películas porno, o que las actrices porno empezasen a prostituirse. Haber rodado una película es, al fin y al cabo, un buen reclamo publicitario de cara al cliente. No solo eso, sino que su relación con estos empezó a cambiar. “Por supuesto, en mi inocencia, me había convencido de que ser una 'prostituta que besa' me beneficiaba, porque mejoraba mi imagen personal”, explica.
Con el tiempo, terminaría dándose cuenta que ese nuevo estado de las cosas, según la máxima de Lampedusa, solo había conseguido que todo siguiese igual. Con la excepción de que, ahora, los clientes se sentían mejor al considerar que se acostaban con “mujeres empoderadas”. “El trabajo en el burdel había sido brutal para mi cuerpo, pero el trabajo como escort independiente agotó mi espíritu”, concluye. Ya no bastaba con hacer su trabajo y marcharse, sino que tenía que convertirse en una marca personal, obsesionada continuamente con su imagen. En ese sentido, las prostitutas ya no se parecen a las actrices porno. Se parecen a las estrellas del pop.
Todo ello, a cambio de muy poco. Como descubrieron tantos de los que se consideraban clase media, su pertenencia a dicho estrato social era tan solo apariencia. “No teníamos casas ni ganábamos un sueldo fijo anual, con pagas extra o pensiones”, recuerda Story. “No teníamos ninguna estabilidad o dónde caernos muertas en caso de ponernos enfermas”. Eso sí, nada de mostrar sus problemas en el trabajo. Frente al cliente masculino, debían mostrarse “empoderadas, sexys y a gusto en nuestros roles como esponjas de la satisfacción masculina”.
La nueva ideología del trabajo
Rae Story trabajó durante más de 10 años como prostituta. Sin embargo, advierte que quizá no haya que prestar mucha atención a lo que ella o sus compañeras puedan decir, sobre todo cuando utilizan sus experiencias personales para defender la despenalización o la legalización. “Las portavoces de la industria utilizan el lenguaje de lo personal de la misma manera que lo podrían hacer los homosexuales con el derecho al matrimonio”, explica. De esa manera, defender la prostitución como parte de su identidad implica que la descriminalización de dicho trabajo las ayudaría a realizarse como personas. Sin embargo, la autora recuerda que las leyes sobre la prostitución “son una forma de política económica y social, no solo personal”.
El deseo de descriminizarla trata del derecho de los negocios de expandirse sin la intervención del estado ni preocuparse por los trabajadores
“En el Reino Unido, la manera en que se han redactado las leyes que rodean a la prostitución tiene como objetivo que siga siendo una transacción privada, descriminalizando al comprador y al vendedor, pero no al intermediario”, explica. Para Story, el problema se encuentra en trasladar todos los aspectos de la vida social, incluido el trabajo y la economía, al terreno de lo personal y de la libertad de expresión. “Hay una tendencia en este debate a defender que aquellos que se prostituyen tienen una 'identidad', como si fuese su etnia o su sexualidad, por lo que combatir por la descriminalización se convierte en una causa humana, de derechos civiles”. El debate, así, se polariza: ¿qué clase de progresista podría protestar contra el desarrollo de las libertades y la identidad personal?
En última instancia, no obstante, dicha retórica tiene una finalidad política, ligada al liberalismo (libertario). De igual manera que el término “trabajador textil” oculta la realidad de los talleres explotadores del Tercer Mundo, el concepto “trabajador sexual” sirve para “legitimizar la industria del sexo como un negocio moralmente neutral”. “El deseo de una descriminalización completa trata, en realidad, del derecho de los negocios de expandirse sin la intervención del estado ni preocuparse por los trabajadores”, concluye la antigua prostituta. Y por eso la prostitución vuelve a parecerse a tantos trabajos contemporáneos, donde la felicidad, el estatus y la realización personal o el acceso a una supuesta vida de clase media encubren la triste realidad del trabajador, que encuentra escaso consuelo en su estatus social.
Fuente: http://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2016-06-27/prostitucion-trabajo-clase-media_1221874/
Canas con estilo: cinco trucos para saber llevar el color que marca tendencia
Quién nos iba a decir, hasta hace solo unos años, que las canas, desde siempre uno de los principales indicadores de la edad (y no precisamente de la del pavo) iban a convertirse en tendencia, y que íbamos a pagar por ellas en la peluquería. Claro que no todas las canas valen. Ni siquiera las naturales, que a menudo transmiten una imagen de suciedad y sequedad. Y por otra parte, ¿cómo contrarrestar esos años de más que, parece inevitable, transmiten los mechones blancos? “Con un corte más transgresor, consiguiendo así un 'look' actual que, gracias al corte, no eche años encima”, responde Luciano Cañete, director y cofundador de los salones Corta Cabeza, la firma de moda en Madrid en estilismo capilar. Para Cañete, la moda del cabello blanco o gris ha sido, sin duda, la tendencia más requerida este año.
Suerte para los que ya vienen con las canas ‘de serie’. “Los más jóvenes”, añade el experto, “se han tenido que decolorar el pelo y matizarlo con tonos apropiados”. Eso sí, frente a las ventajas de lucir un pelo a la última, la otra cara de la moneda tanto en cabellos naturales blancos como decolorados: “Hay que cuidarlos mucho si no queremos que tanto unos como otros amarilleen. No es muy complicado, pero hay que ser constante, porque este tipo de cabello es más delicado que el normal”. Estos son los cinco pasos que propone el director de Corta Cabeza para disfrutar canas en lugar de padecerlas.
1. Lavarlo con dos tipos de champús
En primer lugar, un champú para cuidar. Tiene que ser uno de volumen o neutro, si se trata de unas canas naturales; o uno nutritivo e hidratante si se trata de pelo decolorado. “Nosotros aconsejamos Volupt o Trilliance de Sebastian para cabello natural e Hydre o Penetrait para decolorado”, apunta Cañete.

Para lucir las canas perfectas, hay que lavarse el pelo con dos productos (Foto: Balenciaga)
Y, en segundo lugar, un champú para embellecer. Se aplica una segunda dosis, esta vez de color violeta, que se deja actuar durante unos minutos. El tono azulado de estos productos neutraliza la tendencia del cabello canoso y el decolorado a ponerse amarillo. “Desde Corta Cabeza recomendamos el Silver Champu de SP, de Wella”, explica el experto.
2. Aplicar una mascarilla nutritiva
La decoloración seca extraordinariamente el pelo, por lo que el uso de la mascarilla es fundamental. De hecho, mientras en pelo canoso natural se recomienda usarla semanalmente, en el decolorado se sugiere hacerlo en cada lavado. “Esta ayuda a mantener el cabello en buenas condiciones. También se pueden usar estas o acondicionadores de color violeta que, al igual que el champú, ayudan a mantener el color blanco”. El experto recomienda Penetrait o Hydre, ambas de Sebastian.
3. Usar aceites protectores en verano
El sol es un potente agresor del cabello y, como tal, exponerse a él durante mucho tiempo en los meses más calurosos del año, puede alterar el color. “Si se acude a la playa o la piscina, lo mejor es utilizar un aceite protector para el pelo y cubrirlo con un pañuelo o un sombrero”.
4. Mantener el color mediante la matización
El matiz que se utiliza tras la decoloración no deja de ser un tinte que pierde fuerza con el tiempo. Lo lógico, por tanto, es volver a repetirlo una vez al mes. “En el caso del pelo teñido, si queremos reavivar el gris, podemos acudir a un salón especializado y aplicar un 0/81 de Color Fresh, de Wella. Se trata de una coloración directa, sin oxidación ni amoniaco”.

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Con las canas naturales se procederá de la misma forma, con la diferencia de que el matiz a utilizar no es de color gris. “Además, es posible darle un toque más divertido si hacemos un ‘balayage’ en tonos empolvados, una técnica de coloración que solo dura unos lavados, no agrede al cabello y permite numerosos cambios de tonalidad en poco tiempo”.
5. Imprescindible: un corte actual
Para llevar el pelo con canas sin parecer tu abuelo, resulta fundamental llevar un corte con movimiento, algo desenfadado. “El objetivo es que las canas no parezcan estáticas y nos carguen de años”, explica Luciano Cañete.
Fuente: http://www.vanitatis.elconfidencial.com/estilo/belleza/2016-06-20/como-cuidar-cabello-canas_1216150/
5 posturas de yoga vs problemas estomacales

Muchos problemas estomacales son consecuencia del estrés, una alimentación rica en grasas, azúcares y sal, así como de la falta de actividad frecuente y de manera general los malos hábitos de vida. Sin embargo, existen ciertas posturas de yoga que pueden prevenir todos esos malestares.
Entre los problemas estomacales que las posturas de yoga ayudan a reducir o eliminar se encuentran, el estreñimiento, reflujo, acidez, intestino perezoso, colon irritable, gastritis, colitis, gases o flatulencias y, en general, mala digestión.
Te presentamos cinco posturas de yoga que te ayudan a reducir los problemas estomacales, de acuerdo con el Journal of Yoga:
1. Salamba Sarvangsana. La postura de todo el cuerpo apoyado es una de las asanas más eficientes porque calma y alimenta todo el cuerpo. Entre sus beneficios, fortalece los músculos de los muslos y los abdominales, evita la obesidad, constipación y la congestión del hígado y del bazo. Además, mejora la función de la glándula tiroides y aumenta los jugos gástricos.
2. Pascimottanasana. La postura de la extensión de la espalda es una de cuatro asanas clásicas. Excelente para los órganos abdominales. Ayuda a la correcta digestión. Estimula las funciones del estómago, hígado, bazo, riñones e intestinos. Elimina los residuos gástricos y parásitos intestinales. Previene la constipación y el catarro intestinal.
Elimina el tejido adiposo, y fortalece y ayuda a desarrollar una cadera bien proporcionada. Vigoriza el recto y los músculos abdominales laterales por encontrarse éstos contraídos al máximo. Cura la gastritis y la dispepsia.
3. Janyasana. La postura en que se retiene la rodilla elimina en forma eficaz los gases malignos que perjudican al organismo. Alivia el dolor de espalda y el estreñimiento. Estimula los órganos sexuales. Facilita el control de la energía en toda la región abdominal.
4. Ardhamatsyendrasana. Con la postura de la media torsión, los órganos abdominales que reciben un fuerte masaje. Ayuda a curar la dispepsia, constipación, ictericia y obesidad. Reduce la acumulación de grasa y aumenta la producción de jugos gástricos. Además, combate la indigestión, estreñimiento y la motilidad intestinal.
5. Uttanasana. La postura de la cigüeña o flexión de pie ejerce un profundo masaje sobre los órganos abdominales, mejora su funcionamiento, aumenta la secreción de los órganos digestivos, estimula favorablemente el bazo y el hígado, combate la pereza intestinal y previene la indigestión, la aerofagia, la dispepsia, la gastritis y la úlcera.
De manera general, la práctica frecuente de estas y otras posturas de yoga ayudan a prevenir los problemas estomacales más frecuentes; no obstante, debido a que varias requieren cierto grado de flexibilidad, es importante consultar un especialista para evitar complicaciones cuando se presentan padecimientos gastrointestinales.
Fuente: http://enforma.salud180.com/nutricion-y-ejercicio/5-posturas-de-yoga-vs-problemas-estomacales
¿Tu dieta no funciona? La culpa no es del chocolate, sino de tu cerebro

Meses de dieta y gimnasio para perder esos kilos de más han dado resultado. Posas ante el espejo con tu nuevo bikini y te lanzas a la playa a presumir de los frutos recogidos tras meses de esfuerzo. Por supuesto, inmortalizas tu nueva silueta en Instagram. Pero hagamos un viaje al futuro. Al verano que viene.
Examinas esta fotografía pasados 365 días y descubres que no solo has vuelto a recuperar los kilos que perdiste, sino que has ganado una talla. ¿Por qué nunca funcionan las dietas? ¿Hay que culpar al dietista, a ese bote de Nutella que te tienta desde la cocina o al estrés que te empuja a comer cuando la ansiedad llama a tu puerta? La respuesta no te va a gustar. Tú no tienes la culpa de haber ganado cinco kilos. La razón por la que no te mantienes en el peso que querías está en tu interior y tiene nombre: el hipotálamo. Esa región del cerebro te impide adelzagar. ¡Maldita neurociencia!
1. El punto de ajuste
Ni tu doctor ni tu dietista ni Gisele Bündchen determinan cuál es tu peso ideal. Es tu cerebro el que elige el llamado 'punto de ajuste', que se trata de un rango de entre 4 a 7 kilos del que es difícil salir. Por mucho que te empeñes en que tienes que pesar 50 kilos, si tu hipotálamo, la región del cerebro que regula los kilos, piensa que has de pesar como mínimo 55 kilos, no te lo va a poner fácil. Puedes restringir las calorías que ingieres e incrementar el gasto energético, pero el hambre y el consumo de energía son regulados por el cerebro, y él no te lo va a poner fácil.
Cuando tras un régimen tu peso está por debajo del que tu hipotálamo considera idóneo, no solo terminas por quemar menos calorías que una persona que vive al margen de dietas, sino que vas a producir más hormonas que provocan hambre y hacen que encuentres el comer cada vez más apetecible. Tu mente indicará que estás en un estado de hambruna y hará lo posible para que tu volumen se sitúe en el rango que considera correcto. Y cuidado con tener un ligero sobrepeso durante un par de años, porque tu cerebro puede determinar que ese es tu nuevo punto de ajuste. ¿La consecuencia? Conseguir tener la talla por la que suspiras puede ser aún más complicado.
2. El símil del termostato
No es que tu mente vaya en tu contra, sino que lo hace como mecanismo de defensa. Cuando la comida escaseaba, para mantenernos como especie, el cerebro luchaba por conservar energía y recuperar peso con facilidad al encontrar comida, ya que desconocía cuándo volvería a comer. Ahora entenderás cómo es posible que vivas a base de 1.000 calorías, vayas al gimnasio cinco días a la semana y aún así no bajas. Tu metabolismo se ha ralentizado y es posible que esa ensalada que has comido con tu amiga, que no sabe lo que es una dieta y se ha metido entre pecho y espalda una hamburguesa, te haga engordar lo mismo que a ella su plato.
“El sistema funciona como un termostato, respondiendo a las señales del organismo al adecuar el hambre, la actividad y el metabolismo para mantener tu peso estable conforme cambian las condiciones. Así funciona un termostato: mantiene estable la temperatura en tu casa a pesar de que el clima cambie afuera. Puedes trucar la temperatura de tu casa abriendo una ventana en invierno, pero el aparato funcionará igual. Es decir, responderá aumentando la intensidad del horno para mantener la calidez del ambiente.
El cerebro funciona de la misma forma, respondiendo a la pérdida de peso con poderosas señales para empujar a tu cuerpo de vuelta hacia lo que considera normal”, explica la neurocientífica Sandra Aamodt en la charla 'Por qué las dietas usualmente no funcionan'. De hecho, cinco años después de haber estado a régimen, la mayoría de los que no la han seguido, recuperan los kilos. Llegando incluso, alrededor del 40% de ellos, ha ganar más volumen del que partieron.
3. La supresión del metabolismo
Si crees que la vida es injusta, ahora descubrirás que todavía lo es más. Algunos expertos afirman que la gente que tiene predisposición genética a ganar kilos es más propensa a ponerse a régimen. Para demostrar la idea, un estudio llevado a cabo en 2012 con una muestra de 4.000 gemelos de entre 16 y 25 años señaló que los que se sometieron a dieta eran más propensos a ganar volumen que sus gemelos. Es decir, al margen de la genética, hacer dieta induce a aumentar peso.
Las dietas ralentizan nuestro metabolismo, por lo que una persona que pierde el volumen deseado trasesta, para mantener su peso a lo largo de los años, habrá de comer entre 250-400 calorías menos que una persona que pesa lo mismo sin haberlo logrado mediante un régimen. Así lo señala el doctor Rudy Leibel, de la Universidad de Columbia, tras estudiar a personas que habían perdido el 10% de su volumen corporal. ¿La razón? Sus metabolismos están suprimidos.
Entonces, ¿qué hacemos? Según Sandra Aamodt, que dejó de hacer dieta hace casi seis años y perdió peso tras hacerlo, la clave está en escuchar al cuerpo y ser un comedor intuitivo. Es decir, comer cuando se tiene hambre y parar cuando se está lleno ¿Será tan simple la clave para perder kilosnbsp;
